La ciudad de La Plata asiste con preocupación a un nuevo capítulo del deterioro comercial que afecta a sus instituciones más tradicionales. En las últimas semanas, la maderera Zavalla Moreno, un comercio con más de medio siglo de historia en la región, paralizó sus actividades habituales, dejando un vacío significativo tanto en el sector de la construcción como en el imaginario vecinal.

Ubicado históricamente en la avenida 31 entre 39 y 40, el negocio se había consolidado como una empresa familiar de referencia, reconocida por su asesoramiento técnico y su variedad de productos, que abarcaban desde materiales de obra hasta carpintería fina. Su popularidad trascendió el rubro gracias a la mítica publicidad radial protagonizada por “Riverito”, quien acuñó el lema de “la maderera de la suerte”.

Un escenario de persianas bajas

Aunque todavía no se emitió un comunicado de cierre definitivo, el local permanece sin atención al público desde hace quince días. Según trascendió esta semana, los propietarios se encuentran abocados a la realización de un inventario general del stock disponible para determinar los pasos a seguir.

La situación de Zavalla Moreno no es un hecho aislado. En el sector comercial platense advierten que la rentabilidad ha sido pulverizada por una combinación letal: caída drástica de las ventas, tickets de menor valor y un incremento asfixiante en los costos fijos, especialmente en alquileres y tarifas de servicios públicos.

El fin de otros emblemas platenses

Este cierre se suma a la reciente y resonante despedida de Me Piace, la clásica cafetería y restaurante ubicada en la esquina de 9 y 54. Con capacidad para 150 cubiertos y una plantilla de 20 empleados, el local no pudo sostenerse trabajando “a menos de la mitad” de su capacidad operativa, según explicaron sus responsables.

En declaraciones a la prensa, uno de los titulares de Me Piace resumió el sentimiento de muchos comerciantes locales: “Es un cúmulo de cosas: desde un alquiler costoso hasta una fuerte caída en la cantidad de clientes”. Para muchos negocios con décadas de permanencia, el objetivo dejó de ser la expansión para centrarse exclusivamente en la supervivencia diaria, un desafío que, para estos establecimientos históricos, hoy parece haber llegado a su límite.