El endeudamiento en el territorio bonaerense dejó de funcionar hace tiempo como un mecanismo de progreso social, capitalización o consumo extraordinario para consolidarse como un engranaje desesperado de subsistencia diaria. Así lo revela el informe de la encuesta “Hablemos de deudas: desigualdades, informalidad y género”, elaborado de forma conjunta por la Dirección de Políticas de Igualdad, el Área de Asuntos Económicos y la Dirección de Descentralización Territorial de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, bajo la conducción de Guido Lorenzino.

El estudio técnico, realizado sobre una muestra semiestructurada de 1.408 personas en 97 municipios de la provincia y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), dibuja un mapa crítico sobre el deterioro de las condiciones de vida en los sectores populares y de la clase media de la provincia. De acuerdo con los datos recabados, un 56,6% de los hogares bonaerenses debió acudir a algún tipo de crédito o préstamo en los últimos doce meses para sostener su organización económica. 

Sin embargo, la cifra más reveladora del ahogo financiero surge al analizar la continuidad de esos compromisos: el 73,5% de quienes apelaron al financiamiento se encuentran actualmente endeudados. Para el 40% de este universo golpeado, el pago de cuotas y acreencias absorbe más de la mitad de sus ingresos mensuales globales, mientras que un 14,5% destina más del 75% de sus entradas a saldar obligaciones financieras.

Financiar la comida y los servicios: el destino de los créditos

Lejos de destinarse a la compra de bienes durables como la construcción, ampliación o refacción de los hogares, automóviles o proyectos de inversión productiva, el dinero obtenido mediante financiamiento se va en la cobertura de necesidades primarias e impostergables de reproducción cotidiana:

  • Alimentación: Encabeza la mayor urgencia social de los hogares, concentrando el 56,9% del destino de los fondos obtenidos.
  • Vivienda: El pago de alquileres, expensas y refacciones indispensables de la casa representa el 30% de los créditos.
  • Servicios básicos: El abono de boletas de luz, gas y agua absorbe el 29,5% de los montos requeridos.
  • Salud: La adquisición de medicamentos, tratamientos y estudios clínicos representa un 28,5% de la toma de financiamiento.
  • Pago de deudas previas: El 21,4% de los hogares admite haber tomado dinero para tapar pasivos anteriores, consolidando un peligroso círculo vicioso.
  • Otros gastos: La adquisición de bienes del hogar (18%), indumentaria (14%), transporte (12%), educación (10,1%) e impuestos (8,1%) completan la grilla de erogaciones cubiertas con crédito.

Feminización de la pobreza, brecha laboral y la crisis de los cuidados

La radiografía provincial demuestra con contundencia que la morosidad y la necesidad de financiamiento no golpean de forma homogénea, sino que se profundizan según el género de quien encabeza el hogar. En las estructuras familiares cuyo principal sostén es una mujer cis (quienes representan el 55,1% de la muestra), la apelación al crédito escala a niveles marcadamente superiores, alcanzando su pico en los hogares nucleares con hijos/as (72%) y en los hogares monomarentales (64,4%). En estos últimos, la tasa de sobreendeudamiento efectivo trepa al 82,1%.

El documento vincula esta disparidad con las brechas estructurales en el mercado de trabajo provincial. Datos de la Encuesta Permanente de Hogares citados en el informe muestran que la tasa de empleo femenina es del 46,7% frente al 64,2% masculino, al tiempo que la tasa de pluriempleo en mujeres escaló al 16,1% (contra el 8,8% en varones), reflejando que ellas necesitan sumar más de una ocupación para reunir un ingreso suficiente. A este panorama se le suma el recurrente incumplimiento de la cuota alimentaria por parte de los progenitores: en los hogares monomarentales donde no hay aporte paterno, el 44% depende de dinero prestado para subsistir.

Asimismo, la presencia de población bonaerense dependiente que requiere tareas de cuidado (niños, adolescentes o personas mayores de 65 años) dispara la necesidad de crédito al 82,6% de los casos. La sobrecarga del trabajo no remunerado —que según la ENUT ocupa 6 horas y 31 minutos diarios en las mujeres frente a las 3 horas y 40 minutos en los varones— presiona a las madres a aceptar puestos informales o de jornada reducida, erosionando severamente sus ingresos y su autonomía económica.

El peligro del circuito informal y la trampa del endeudamiento crónico

El relevamiento de la Defensoría pone bajo la lupa la masiva irrupción de vías de endeudamiento por fuera de la banca tradicional. Un 51,9% de los hogares acude a modalidades no bancarias e informales (billeteras virtuales, entidades financieras no reguladas, prestamistas, ayuda de familiares/conocidos, adelantos de sueldo o la tradicional compra fiada en el comercio de barrio), ya sea en forma exclusiva (11,3%) o combinada con créditos bancarios (40,6%). En los hogares monomarentales, la dependencia de redes paralelas salta al 59,2%.

Estas vías informales exponen a las familias a intereses usureros, cobros abusivos, falta de transparencia y situaciones de extrema indefensión. De hecho, 8 de cada 10 hogares bonaerenses endeudados admiten severas dificultades para cumplir con las fechas de pago, registrando un 31,7% de atrasos manifiestos y un 4,8% de situaciones en instancia judicial. Además, la temporalidad de la crisis muestra un carácter crónico: para el 84,1% de los afectados, las dificultades para cancelar sus deudas se extienden desde hace más de seis meses (y en un 40,1% supera el año).

El costo psicológico y las secuelas en la salud de las familias

El impacto de esta espiral financiera va más allá de lo estrictamente económico y vulnera de lleno la salud mental y la dinámica cotidiana de la población bonaerense. El 75% de las personas encuestadas manifestó padecer cuadros severos de estrés, angustia, ansiedad e insomnio provocados por el acoso financiero y la imposibilidad de llegar a fin de mes.

Testimonios dramáticos recogidos en el informe exponen la crudeza de la crisis que genera el endeudamiento en la provincia: “Salteo comidas para que alcance para mi hija”, “Tuvimos que cortar tratamientos médicos y odontológicos de nuestros hijos y nuestros”, “Trabajamos muchas horas. Llegamos a casa solo a dormir”, o “Los acosos de las financieras llamando a mis hijos y amenazándolos” son solo algunas de las postales que reflejan la degradación del entramado social.

En sus consideraciones finales, la Defensoría del Pueblo bonaerense instó a las autoridades del Estado a promover de forma urgente políticas públicas que mejoren la inserción laboral formal, fortalezcan los sistemas públicos de cuidado e impulsen proyectos de ley para la refinanciación de deudas familiares en condiciones justas, con el objetivo de frenar el avance de la usura e impedir que el endeudamiento continúe devorando los derechos fundamentales de las y los bonaerenses.

El informe completo:

DEFENSORIA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES – Nivel de endeudamiento bonaerense (Agosto)