El deterioro sostenido del poder adquisitivo y las transformaciones profundas en la estructura laboral argentina empujaron a una masa creciente de trabajadores a buscar más de un empleo para poder llegar a fin de mes. De acuerdo con un informe elaborado por C-P Consultora junto a la Fundación Friedrich Ebert, tomando como base la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, la tasa de pluriempleo alcanzó el 11,5% del total de la población ocupada. Esta cifra, equivalente a más de 2,24 millones de personas en todo el país, constituye el registro más alto de la serie histórica.
El fenómeno muestra un ascenso constante desde el año 2017, cuando la proporción de ocupados con más de un trabajo se ubicaba en un 8,7%. En el transcurso de ocho años, la incidencia de acumular dos o más empleos creció cerca de tres puntos porcentuales. La gran mayoría de este universo (81%) sostiene dos trabajos de manera simultánea, mientras que el 63% tiene la responsabilidad de ser jefa o jefe de hogar.
Quiénes acuden al pluriempleo
El perfil socioeconómico de la población pluriempleada revela disparidades notorias frente al universo de trabajadores con un único empleo:
- Distribución por género: Las mujeres representan el 56% del colectivo pluriempleado, una participación sensiblemente superior al 42% que registran en el universo de ocupados simples.
- Impacto educativo y geográfico: Más de la mitad de las personas con múltiples ocupaciones se concentra en el Gran Buenos Aires (54%). A su vez, el pluriempleo se incrementa a la par del nivel formativo, alcanzando su punto máximo en las personas con estudios superiores completos (42% del total).
- Vínculo laboral: El 64% trabaja bajo relación de dependencia, destacándose una fuerte presencia del empleo público, que absorbe al 24% de los pluriempleados.
La extensión de la jornada laboral constituye uno de los costos más severos de este fenómeno. Quienes sostienen más de un empleo dedican en promedio 43 horas semanales a sus tareas (un 16% más de tiempo que los ocupados simples). Además, el 44% se encuentra sobreocupado, trabajando por encima de las 45 horas semanales.
Las dos caras del multiempleo: tradicional y emergente
Para comprender la dinámica de la actividad, el reporte fragmenta la problemática en dos esferas sociolaborales bien diferenciadas:
- El pluriempleo tradicional (52% del total – 1,17 millones de personas): Corresponde a esquemas de contratación histórica en ramas como Educación (donde el pluriempleo alcanza al 31,3%), Servicio Doméstico (27,5%) y Salud (18,2%). En este segmento abunda la mano de obra femenina (77%) y de edad avanzada. Dada la fragmentación de los esquemas horarios de estos sectores, el promedio trabajado se ubica en 36 horas semanales y la sobreocupación alcanza al 26%.
- El pluriempleo emergente (48% del total – 1,07 millones de personas): Surge impulsado por las nuevas modalidades de trabajo flexibilizado y por la urgencia de contrarrestar el desplome salarial del empleo principal. En este grupo predominan los varones (60%) y la población joven. Aquí la sobrecarga horaria resulta alarmante: el 56% de los trabajadores está sobreocupado (supera las 45 horas semanales) y un 22% está expuesto a jornadas extremas de más de 60 horas a la semana, lo que representa más de 12 horas diarias de trabajo.
“Cuello azul” y “Cuello blanco”: la brecha en la necesidad de sumar ingresos
Dentro del sector emergente, el estudio distingue dos perfiles laborales contrapuestos:
- Estratificación por ingresos y calificación: El universo de “cuello azul” (72,6% del grupo emergente, representando a 777.060 personas) agrupa a trabajadores de la Industria, el Comercio, la Hotelería y la Administración Pública. Presenta una tasa de informalidad del 39%, niveles educativos más bajos y un promedio de 50 horas de labor semanales.
- En tanto, el colectivo de “cuello blanco” (27,4% de los emergentes, abarcando a 292.921 individuos) reúne a profesionales y técnicos de Finanzas, Servicios Profesionales y Comunicaciones, con una informalidad del 30,5% y 45 horas semanales de promedio.
La erosión salarial como motor del ajuste individual
El análisis evolutivo entre 2017 y 2025 demuestra que la búsqueda de mitigar la pérdida de ingresos fue el gran motor detrás de la aceleración del fenómeno. El segmento de “cuello azul” fue el que más aportó al crecimiento del indicador, explicando el 53% del aumento acumulado entre puntas. En ese período, la cantidad de trabajadores de cuello azul con más de una ocupación se disparó un 77%.
Los datos confirman que el sobreesfuerzo y la acumulación de jornadas extenuantes, en el marco de una profundización de la precarización laboral, dejaron de ser un caso aislado para convertirse en una estrategia masiva de supervivencia en el mercado de trabajo argentino.










